Argentina campeón: la llama eterna de la Generación Dorada

En una apretada final, la Generación Dorada derrotó a Brasil 80-75 y cerró con todos los honores el Preolímpico Mar del Plata 2011, colocando la frutilla en el postre a la clasificación a Londres 2012. Argentina suma años, mañas, sabiduría, oficio, experiencia. Todo eso que le falta aún a este Brasil. Por ahora, el presente albiceleste puede más que el presente-futuro del equipo de Magnano. Y los jugadores de la GD se dieron el gusto de celebrar en casa.

Argentina salió a jugar su final. Esa que quería ganar para ofrendarla a los hinchas, sus hinchas, esos que los vieron siempre por tele. Pero faltaba uno en casa. La fiesta comenzó con paridad, aunque en la cuestión colectiva lucía mejor el albiceleste. El equipo de Lamas repartió su goleo, mientras Marquinhos se hizo cargo del de Brasil. Fueron poco más de seis minutos en los que la historia pareció monótona. Pero aparecieron un par de buenas defensas locales y un par de triples de Delfino. Eso indicó el inicio de la primera escapada argentina en el marcador, que secó a su rival y se fue al primer entretiempo 21-9.

Obviamente, Magnano buscó variantes y encontró solución con una defensa en zona. Los dueños de casa no tuvieron siquiera segundas opciones (sufrió con la salida de Scola) y Alex sumó seguido para Brasil que, a falta de 4m35 para el cierre del segundo cuarto, se puso a sólo tres (25-22). Pero reaccionó Argentina. Movió mejor la pelota, con mucha paciencia, y Scola hizo lo que sabe hacer: estragos. Terminó con 18 puntos la primera parte y el local se fue al descanso largo 35-27.

Durísimo. En el complemento, la visita arrancó mejor y pasó al frente por seis. Fue el peor momento anímico y basquetbolístico de Argentina.

Pero salió. La entrega de Kammerichs contagió y los dueños de casa se reestablecieron en el juego. Pero, como en las películas, la cosa terminó recién en el final. Parecía que lo cerraba Argentina bien, pero los libres no entraron y le dieron vida al rival. Hasta que Scola lo sentenció. Luis es definitivamente el jugador más determinante del equipo, por encima de las otras figuras. Y sus números e inteligencia para jugar así lo demuestran.

El equipo albiceleste está insorportablemente vivo. Como esa llama eterna que no para de iluminar su exitoso camino.