Despertó del coma farmacológico la bombero accidentada y su pronóstico es alentador

  23/11/2010 - Julieta Catalán, la joven bombero voluntario despertó del coma inducido, luego de un accidente con la autobomba.

 

“Es la primera vez en mi vida que me siento feliz con lo que hago. Estoy orgullosa de pertenecer a Bomberos Voluntarios”. En su San Miguel de Tucumán natal, Julieta Catalán, la menor de los tres hijos de Silvia Machín y Miguel Catalán, había deseado ser guardaparques. Después, salvavidas. Amaba el aire fresco de la naturaleza y amaba los animales. Su madre se encogía de hombros cada vez que la veía ingresar con otro perro enfermo de sarna que había rescatado en la calle. “No te preocupes, mamá, yo me voy a encargar de cuidarlos. A éste último le puse ‘Sarnita’”, bromeaba.

De sus 29 años de vida, Julieta lleva una semana en coma farmacológico en Terapia Intensiva del Hospital de Urgencias. Es la joven bombero que viajaba en la cabina de una autobomba que se desbarrancó cuando se dirigía a combatir un foco de incendio en La Calera. La rueda derecha trasera del vehículo se hundió en tierra suelta al costado de un barranco y los 2.500 litros de agua que cargaba lo arrastraron al vacío de 80 metros. Ella y dos compañeros salieron despedidos. Cristian Terreno sufrió fractura de cadera y Pablo Piotti, quebraduras en sus brazos. Julieta se llevó la peor parte: además de fractura expuesta en una pierna, golpeó la cabeza contra el suelo y quedó inconsciente.

“Es irónico, pero se salvaron justamente porque no tenían puesto el cinturón de seguridad y salieron despedidos. Sino, el peso del agua los aplastaba”, dijeron dos compañeros de Julieta del cuartel de Bomberos Voluntarios de La Calera que se acercaron a esperar el parte médico en el hospital. “Ser bombero voluntario significa dividirse en tres partes: la familia, el trabajo remunerado para mantenerla y la vocación para ayudar a la gente. Es tener presente que en cualquier momento podés dar tu vida por la de otra persona. Como le pasó a esta chica Julieta”, explicaron.

La frase con la que se inicia esta nota pertenece a Julieta Catalán. Se la dijo a su amiga Josefina Salas poco tiempo antes de subirse en la autobomba que la arrastraría a la profundidad. ¿Quién es Julieta Catalán? ¿Cómo fue que cambió el paradisíaco Tafí del Valle donde vivía con su familia para ser parte de uno de los 30 bomberos voluntarios de La Calera?

Marcada por el dolor. El domingo 10 de julio de 2.005, el Renault 21 en el que Ariana Machín viajaba con su esposo y sus tres hijos, fue embestido por un Peugeot 206 a la altura del barrio Valle Escondido. Los niños se salvaron, pero Machín quedó viuda. Ellos eran de Tucumán, pero se habían radicado en La Calera por motivos laborales. Ariana debió hacer frente a un duelo que no podía despreocuparse de los niños, por lo que aceptó la ayuda que su prima, Julieta Catalán, le había ofrecido desde Tucumán.

Por entonces, Julieta había abandonado segundo año de la Facultad de Psicología y vivía con su familia en Tafí del Valle. Su padre, Miguel, compartía el trabajo en un taller de herrería con sus hijos varones. “Pero mi hija era muy bohemia, siempre le gustó moverse de un lugar para el otro y hacer cosas distintas. Por eso no dudó en irse a Córdoba para acompañar a la prima”, recordó su madre Silvia.

Quizá nunca sospechó que en esta provincia encontraría sus años siguientes de vida. Al tiempo, Ariana Machín regresó a Tucumán con sus hijos, pero Julieta decidió probar suerte en la Capital y consiguió trabajo como moza en un boliche bailable de avenida Monseñor Pablo Cabrera. Meses después se instaló en La Calera y comenzó a administrar un pequeño bar ubicado dentro de un hipermercado. Fue entonces que su deseo ávido de naturaleza la llevó a visitar, algunas tardes, el cuartel de Bomberos Voluntarios de La Calera. Pronto, esa visita se volvió obsesión y en marzo de 2008 se anotó para cursar el primer nivel de capacitación exigido para poder enfrentarse a un incendio.

“El trabajo en el bar era importante para sustentarse, pero lo cierto es que lo que más deseaba era dedicarse por completo a ser bombero. Decía que, por primera vez en su vida, estaba feliz con lo que hacía”, contó su amiga Josefina.

Efectivamente, Julieta finalizó la capacitación del primer nivel en agosto de este año y en setiembre renunció a su trabajo para entregarse sólo al cuartel. Se tomaba el domingo para descansar, pero el resto de la semana concentraba energías únicamente en acabar con focos de La Calera y localidades cercanas. Tenía poco dinero para mantenerse, pero aspiraba a ingresar, en algún momento, en las filas del Plan Provincial de Manejo del Fuego.

El domingo 7 de este mes, la alarma del cuartel de La Calera sonó a las 17. Ese fin de semana, el calor sofocante y el viento se conjugaron para transformar a la provincia en un infierno con 25 focos de incendio. Julieta dudó sobre si ir al cuartel en su día de descanso, pero le dijeron que faltaban voluntarios y que, si podía, se acercara a ayudar. El fuego estaba concentrado en un monte la altura del Kilómetro 11 de la ruta 55.

“Y pensar que ya tuvimos varios incendios en esa misma zona y parece que los origina la misma persona. Estamos investigando porque creemos que es un hombre que siempre quema todo intencionalmente. Ya lo vieron varios vecinos, pero aún sigue libre”, revelaron los dos compañeros de Julieta en el hospital.

La autobomba se desbarrancó a las 19. Mientras una dotación seguía peleando para apagar las llamas, otra se dirigió de urgencia a rescatar a los tres heridos. Los dos hombres estaban conscientes y uno de ellos hasta llegó a decir que la sensación del accidente había sido “como un lavarropas que daba vueltas todo el tiempo, sin parar”.  Julieta no reaccionaba y no lo hizo hasta hoy. En las últimas horas tuvo un pico de fiebre y los médicos esperan a que pase pronto para quitarle los sedantes y permitir que despierte.

Su familia está hace cinco días en Córdoba. Todas las noches, uno de sus hermanos duerme en el hospital para estar cerca de ella.

 Fuente Día a día