Análisis. YPF: Su privatización y consecuencias

El sector energético
La privatización de YPF y sus consecuencias (Por Augusto Cervo)


“La petrolera YPF, ya privatizada, corre el mismo peligro que Aerolíneas: quebrar luego de un feroz vaciamiento”, dice el autor de esta nota que recorre los caminos que llevaron a la privatización de la empresa más grande de nuestro país y que, como otras,contribuyen decisivamente al desarrollo de la región patagónica.
Si existe alguna característica que nos identifica a los argentinos, y que en la actualidad se hace cada vez más patente y molesta, es que vamos detrás de los problemas. El mundo de los problemas se mueve a 100 kilómetros por hora y nosotros a 20. En efecto es así, pero lo primero que hay que hacer para cambiar una mala característica, al igual que para solucionar los problemas, es identificarla. Una vez que tengamos en claro que
es más sano prevenir que curar, y podamos anticiparnos a los problemas comenzaremos a transitar el deseado camino del desarrollo nacional.
Un claro ejemplo de esta triste característica “gaucha” es la situación de Aerolíneas Argentinas S.A. Todos asistimos con bronca e impotencia a la quiebra ya reconocida de la única empresa aérea de bandera nacional, pero ¿cuántos hicimos algo en el momento de su privatización?
Es por eso que ahora, cuando nadie dice nada, que hay que empezar a hablar. La petrolera YPF, ya privatizada, corre el mismo peligro que Aerolíneas: quebrar luego de un feroz vaciamiento. Esperamos, a través de este humilde artículo, realizar un aporte a la conciencia de la gente y de los dirigentes para abandonar el silencio infantil y cobarde y empezar a asumir responsabilidades adultas y audaces.

La importancia de tener una política energética

Los Estados modernos pueden tener, a grandes rasgos, tres clases de gobiernos según su organización económica. Pueden ser socialistas, donde el gobierno planifica su economía e interviene para ello a través de empresas estatales; pueden ser capitalistas, donde el Estado deja a la libre iniciativa privada la actividad empresarial; o por fin pueden ser mixtos, mezclando los dos conceptos. A comienzos de la década de los ’90, la Argentina decidió ser un moderno Estado capitalista y por consiguiente debió emprender una intensa etapa de privatizaciones.
La petrolera YPF, ya privatizada, corre el mismo peligro que Aerolíneas: quebrar luego de un feroz vaciamiento.
Pero todos los Estados serios, incluyendo los capitalistas por cierto, tienen definido lo que se denomina el interés nacional. Esto no es otra cosa que lo que es vital para una Nación, algo que sin eso el país no podría vivir, y que por consiguiente trasciende a los gobiernos. Si bien hay una larga lista, según el país, de intereses nacionales, deben ser pocos los Estados, por no decir ninguno, que no incluya en estos una política energética.
En efecto, ya sea por iniciativa privada o por intervención estatal, la economía de un país necesita de energía, en cualquiera de sus formas, para subsistir y crecer. Sin embargo, la Argentina tomó la decisión de llevar a cabo la privatización de la única empresa estatal petrolera sin tener primero definido para qué, por qué, o para quién; es
decir, sin una política energética.
Una política energética es establecer cómo va a crecer un país a partir de los recursos con que cuenta. Si no tiene ninguno, será un país importador de energía (gas, petróleo, electricidad), con lo que su costo de producción será más alto y deberá buscar la reducción de los costos en algún otro eslabón de la cadena productiva (eximiendo de
algunos impuestos, por ejemplo). Pero si es productor de energía, sus planteos serán sobre cómo conservarlos, cómo hacerlos más eficientes, más accesibles, etc.
Si dentro de diez años se agota el petróleo en la Argentina, como lo suponen los estudios, tendremos que plantearnos cómo ser más competitivos importando crudo, si es que queda alguna empresa que lo demande. O, tratando de prevenir ese lamentable suceso, podemos plantearnos hoy que, en lugar de seguir exportando todo el petróleo que se pueda, hay que asegurar el abastecimiento interno para nosotros y para nuestros hijos.

El proceso de privatización de YPF

Para entender la situación actual de YPF hay que conocer su proceso privatizador y llegar a comprender la dimensión real del problema, teniendo en cuenta las posibilidades futuras de la empresa. La privatización de YPF se puede dividir en dos ejes: por una parte, la actitud del gobierno argentino; y por otra, la de las empresas.
Por el lado del gobierno nacional, es necesario hacer una breve reseña histórica y jurídica. La privatización de YPF comenzó junto con el proceso de reformas que el gobierno de Carlos Menem llevó adelante durante su gestión de diez años entre 1989 y 1999.
El Decreto N° 2.778 del Poder Ejecutivo Nacional de fecha 31 de diciembre de 1990, reglamentario de la Ley N° 23.696 transformó a “Yacimientos Petrolíferos Fiscales Sociedad del Estado” en “YPF Sociedad Anónima”. De esta manera, pasaba a dominio privado todo el capital social de la empresa, asumiendo el Estado Nacional la deuda que
existiera al 31 de diciembre de 1990. Los argumentos que se dieron en ese momento eran los mismos que se daban para la privatización de cualquier empresa estatal: “la mayor eficiencia en la producción (o explotación), de la actividad traerá más eficacia y por ende mayor calidad del producto a menor precio”; además, las privatizaciones
mejorarían la situación social ya que al producir más disminuiría el desempleo.
En 1990 lo único que se buscaba eran beneficios a corto plazo, ya que la venta inicial se hizo por sólo 2.000 millones de dólares, destinados, como hoy, a cubrir rojos en los intereses de la deuda pública.
Pero en realidad, en aquella oportunidad, lo único que se buscaba eran beneficios a corto plazo, ya que la venta inicial se hizo por sólo 2.000 millones de dólares, destinados, como hoy, a cubrir rojos en los intereses de la deuda pública. El proceso de venta siguió en octubre de 1992 cuando, por la Ley 24.145, se privatizó el resto del
capital social disponible de la, ahora, YPF S.A.; y se transfirió a las provincias el dominio público de los yacimientos de los hidrocarburos. Este traspaso, dos años antes que lo hiciera la Constitución reformada, originó un grave inconveniente a los gobiernos provinciales, ya que tenían el recurso pero no podían explotarlo porque no tenían una empresa estatal para lograrlo. Además, el sector de hidrocarburos está regulado por la ley 17.319, que data de 1967, y que establece, entre otras cosas, que el recurso hidrocarburífero es de dominio nacional.
De esta manera, queda gravemente afectado el ordenamiento jurídico, puesto que mientras la Constitución reformada de 1994 otorga el dominio de los recursos a las provincias, al igual que la mencionada 24.145/92, la ley que está vigente (17.319/67), consagra el dominio nacional, y mientras que la gestión que se plantea por medio de las leyes 23.696/90 y 24.145/92 es la de iniciativa privada, en la 17.319/67 se mantiene la gestión estatal. Esta verdadera maraña legislativa no logra ningún objetivo; ni atraer inversiones al sector, ni alentar la opinión pública respecto de la situación.
Por el lado de las empresas, el proceso de privatización continuó en 1993, cuando fondos mutuales de los Estados Unidos compraron acciones que habían sido colocadas en las Bolsas de Comercio de Nueva York y Buenos Aires. En esta ocasión, el paquete accionario alcanzó el 45 % por un total de 3.400 millones de dólares.
Pero es en 1998 cuando aparece en el escenario la española Repsol. A fines de ese año adquirió el 5,01 % de las acciones del estado, y a principios de 1999 compró el 14.99 % restante por 2.010 millones de dólares. En junio de 1999, Repsol compró el 55 % de YPF y el 11 % de las provincias con lo que suma casi el 90 % del total del paquete accionario de la empresa. Lo que en un comienzo empezó por una actitud apresurada del Gobierno Nacional de vender a YPF por 2 mil millones, terminó con Repsol gastando más de 17 mil para comprarla. Podemos observar aquí que el tema nunca fue tratado con la seriedad que se merece.

La actitud de Repsol respecto de YPF S.A.

Finalmente, para resumir la privatización, la venta se llevó a cabo; el Estado argentino se desprendió de la empresa en 1990 pero recién en 1998 apareció un comprador concreto que fue la española Repsol S.A.
Pero Repsol también tiene una historia similar a la de YPF, ya que al igual que la argentina, la petrolera española fue privatizada. En efecto, en 1986 el Estado español creó la empresa Repsol, administrándola por medio de un organismo público de participación estatal (denominado INH), pero en 1997 finalizó su privatización con la venta de Repsol a un grupo de accionistas mixtos y privados. De esta forma, quedó trazado el objetivo principal de Repsol: garantizar al máximo la mejor rentabilidad posible al accionista.
La petrolera indicada para cumplir con los objetivos de Repsol era la argentina YPF, que si bien ya estaba privatizada, fue adquirida en 1998. Para asegurar este dilema, Repsol llevó a cabo una estrategia para incorporar a su actividad una empresa que le permitiera satisfacer sus objetivos en función a cuatro pilares fundamentales. El primero era el mantenimiento del liderazgo en las actividades tradicionales de Repsol en el mercado español. El segundo, consistía en lograr un crecimiento en exploración y producción mediante el desarrollo de nuevos descubrimientos y adquisiciones, dando prioridad a las reservas de gas natural para el mercado doméstico. El tercer pilar para adquirir una empresa petrolera debía asegurar una expansión internacional, principalmente en Latinoamérica. Por último, el cuarto era la generación eléctrica con gas natural propio, para poder satisfacer el mercado eléctrico interno con bajos costos.
La petrolera indicada para todo ello era la argentina YPF, que si bien ya estaba privatizada, fue adquirida por Repsol en 1998.

El negocio redondo de Repsol

Pero más allá de todo el fundamento empresarial, que además es el expresado por la propia Repsol, hay una razón que resume lo anterior de manera más concreta y, a la vez, sirve para comprender cuál es el negocio de Repsol con YPF.
Si se evalúan las situaciones de Repsol y de YPF antes y después de la compra en 1998, se podrá comprobar que la petrolera española usa a YPF para el trabajo duro y costoso, reservándose para sí el beneficio del esfuerzo.
Antes de 1998, los activos de Repsol estaban repartidos de la siguiente manera: Industrialización y Comercialización, 42 %; Gas, 27 %; Exploración y Producción, 23 % (de los que la mayor parte corresponde a Producción). Los activos de YPF, por su parte, se componían así: Exploración y Producción, 64 %; Industrialización y Comercialización, 32 %.
Por su parte, las grandes petroleras internacionales mantienen sus activos concentrando el 50 % en Exploración y Producción; y el 30 % en Industrialización y Comercialización, aproximadamente.
Por lo tanto, se trataba de un “negocio redondo” para Repsol, ya que sus activos y los de YPF se complementaban perfectamente para llegar a ser “una de las petroleras más grandes del mundo”, tal como rezaba uno de sus pilares, que se ordena, a su vez, a servir la rentabilidad de los accionarios de la española.
El negocio redondo de Repsol consistía en comprar una empresa que hizo el gran esfuerzo de explorar y perforar para disfrutar de los ingresos de la venta del producto y sus derivados.
El resultado para Repsol consiste en ganar en Exploración y Producción (pasando del 23 al 39 %), manteniéndose en los niveles internacionales de Industrialización y Comercialización (30 – 40 %). Pero es sabido que la inversión destinada en los primeros segmentos del proceso productivo del sector de hidrocarburos, es decir Exploración y
Producción (que incluye Perforación), es mucho más riesgosa y costosa que el Transporte y la Distribución. En el primer caso, la inversión debe ser permanente, ya que se debe mantener la actividad, que no siempre es segura; mientras que en el segundo, una vez hecha la instalación de la infraestructura necesaria (primera inversión), el mantenimiento es insignificante.
Por lo tanto, el negocio redondo de Repsol consistía en comprar una empresa que hizo el gran esfuerzo de explorar y perforar para disfrutar de los ingresos de la venta del producto y sus derivados.

Los resultados de Repsol más YPF

El resultado obtenido por Repsol con la adquisición de YPF determinó una política a seguir por la empresa española que será la que guíe su relación respecto de la argentina.
Así, en el período transcurrido entre 1994 y 1998, es decir hasta la compra de YPF, el beneficio neto por acción de Repsol creció anualmente a una media del 10,8 %. La rentabilidad sobre el capital obtenida como media en dicho período de tiempo fue del 12,3 % y la rentabilidad total para el accionista (revalorización de la acción más
dividendos), alcanzó el 18,6 % anual. Asimismo, entre 1991 y 1999 las exportaciones de combustibles de Argentina se multiplicaron por cuatro, pasando a representar, en el mismo período, del 6,4 % al 12,7 % del total de las exportaciones del país.
De esta forma, se comprueba que la idea que tiene Repsol sobre YPF es aprovechar su potencial, o sea las reservar comprobadas, sin invertir en ese segmento, y exportar todo lo que se pueda de esa producción. La razón de privilegiar las exportaciones radica en la diferencia entre el precio internacional y el costo local. Mientras el barril se paga en el mercado internacional entre 25 y 30 dólares, el costo de producirlo en las cuencas más caras del país se estima en 10 dólares.
Por lo tanto es más conveniente, para asegurar la rentabilidad de los accionistas, explorar poco y exportar mucho.

El problema para la Argentina

Pero todo este análisis no tendría más sentido que describir una situación favorable para una empresa concreta como es Repsol – YPF, si no se incluyera cuál es el peligro que debe alertar a la Argentina.
El principal problema que debiera despertar las conciencias de los argentinos es el manejo que se le da a las reservas comprobadas de hidrocarburos con que cuenta nuestro territorio. En efecto, si la Argentina tuviera reservas por 70 años, como es el caso de Venezuela, o su explotación fuera estrictamente racional, la privatización de YPF tendría alguna posibilidad de ser elogiada. Pero como nuestras reservas comprobadas oscilan entre 9 y 15 años, según la fuente, y la exportación del crudo es cada vez mayor, se corre el riesgo de pasar de ser un país productor que logró autoabastecerse con mucho esfuerzo, a ser un importador que verá encarecer todos sus
costos de producción, determinando un futuro oscuro para la industria nacional.
Pero, mientras que el total de las reservas comprobadas del país se mantuvo, o incluso experimentó una leve suba, las de YPF (a partir de 1998 Repsol – YPF), han disminuido. Esto comprueba que la inversión en exploración,
principal activo que originó la compra de YPF, se ha dejado de lado como prioridad.
Otro indicador categórico para comprender la estrategia de Repsol es la cantidad de metros perforados, que indica la intensidad que se le ha dado al trabajo en la fase exploratoria. Aquí también, si bien el total nacional muestra subas y bajas, YPF experimenta una franca caída en la perforación, sobre todo a partir de la compra de Repsol.

No está oculta la conclusión. La Argentina es hoy un país productor de hidrocarburos que, además, exporta y se autoabastece. Pero eso es hoy. Las reservas comprobadas, en el caso de petróleo, son para pocos años, y es difícil establecerlas al ritmo actual de explotación. Pero las reservas no se amplían porque no se invierte en exploración que, como se dijo, asume un alto riesgo. Por lo que empresas como Repsol, cuyo negocio es asegurar rentabilidades a socios accionarios, se dedican a explotar aquellas cuencas que ya han sido exploradas (por YPF en este caso) y no representan ningún peligro económico. Además, para consolidar esas ganancias, buscan exportar la mayor cantidad posible, atentando contra el autoabastecimiento.
Pero no es correcto acusar a Repsol por esta actitud. En realidad, como empresa que es, Repsol no hace más que cumplir con su función lucrativa. Es el Estado argentino el que debe alertarse por esta situación. La Argentina debe tener como interés nacional una política energética que asegure el autoabastecimiento a costos y calidad competitivos.
Por una vez, el Estado debería dar muestras efectivas de detentación del poder y rectificar el curso actual de la situación del sector hidrocarburífero. La inminente sanción de una nueva ley, que reemplazará a la 17.319/67, es una inmejorable posibilidad. En esta oportunidad, en vez de dejarse influenciar por la presión de las empresas que buscarán asegurarse por ley la actual situación, el Estado debería introducir una serie de instrumentos que garanticen las siguientes condiciones:

- Exportar sólo el excedente de la producción.
- Asegurar siempre el autoabastecimiento.
- Fijar el valor de costo de producción y no el precio internacional como referencia para el mercado interno.
- Ratificar el dominio provincial de los recursos, consagrado por la Constitución
Nacional en 1994, pero reservando a las provincias un porcentaje de regalías.
- Obligar a las empresas que quieran producir en el territorio nacional a destinar por lo menos la mitad (50 %) de la inversión en Exploración.

De esta manera, podremos empezar a restaurar una tarea pendiente que es vital para el futuro de la Nación, y que puede servir de ejemplo de actitudes frente a otros sectores de la economía nacional.



Fuentes:
Secretaría de Energía y Minería de la Nación
Instituto del Gas y el Petróleo
Le Monde Diplomatique.-

www.repsol-ypf.com
www.olade.org.ec

Augusto Cervo
  • Jefe de Departamento de Acciones Programáticas en Secretaría de Cultura de la Provincia del Chubut
Anterior
  • Subsecretario de Comercio Exterior e Inversiones en Ministerio de Comercio Exterior
  • Ministro de Comercio Exterior, Turismo e Inversiones en Gobierno de la Provincia del Chubut
Educación
  • Universidad del Salvador
  • Pontificia Universidad Católica Argentina 'Santa María de los Buenos Aires.